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20 de abril de 2007

INFALTABLES: TIJUANA MOODS, CHARLES MINGUS


Por Guillermo Hernández (Fundador de Minton’s).-
Hemos hablado mucho aquí de Mingus y de su enorme influencia en el jazz moderno. Se ha mencionado también la relevancia de muchos de sus trabajos, entre ellos, Tijuana Moods, el que sugerimos en esta oportunidad como infaltable. Muchos han sostenido que el concepto que hoy se conoce como world music no es un invento de la modernidad sino que ya estaba implícito en la música de Mingus allá por la década del 50. Exploración ésta que coincidió con la búsqueda encarada por otros cultores del género como Coltrane o el también saxofonista Yusef Lateef. Tijuana Moods es un álbum hijo de un viaje de Mingus! a Tijuana, pueblo otrora famoso por sus prostíbulos. La atracción del contrabajista y compositor por México venía de lejos. De hecho, nació en una ciudad limítrofe, Nogales, en el Estado de Arizona. Hay mucho ritmo latino en este disco, así como una gran clase de improvisación colectiva. Dijo Mingus en su momento que Tijuana Moods fue el mejor disco que haya grabado alguna vez. Seguramente está entre lo más alto de su producción y, más allá de su propia consideración, la industria avaló ese juicio al lanzar dos grandes reediciones del trabajo, en 1986 y en 2001. En la primera incluyó dos versiones de cada uno de los cinco temas originales, mientras que en la segunda fueron 22 temas en un disco doble, que afortunadamente se editó en la Argentina como es debido. Mingus exigió aquí a sus músicos mucho más de lo que éstos estaban acostumbrados a dar y él mismo reconoció el esfuerzo en las liner notes. Pero también abordó la edición d! el disco con un esmero inusual, grabando los temas una y otra ! vez y el igiendo los segmentos para cortar y armar. Por lo pronto, Dizzy Moods, el corte que abre el disco tuvo ocho registros para desesperación del ingeniero de sonido. Lo cierto es que buena parte de los músicos que rodearon a Mingus en esta aventura no compartieron nuevamente cartel en los años siguientes. Fueron de la partida Clarence Shaw en trompeta, Jimmy Knepper en trombón, Shadi Hadi en saxos, Bill Triglia en piano y Danny Richmond en batería, a los que se añadió la voz de Isabel Morel. Hubo un intento de continuidad en 1996 con otro disco llamado New Tijuana Moods, pero el original no tiene comparación y merece ser escuchado un! a y otra vez.

14 de marzo de 2007

INFALTABLE: C. ADDERLEY Y BILL EVANS, KNOW WHAT I MEAN - Por Guillermo Hernández (Fundador de Minton’s).


Buena parte de la discografía de Bill Evans es infaltable en cualquier discoteca y de hecho hemos recomendado aquí varios de sus trabajos. Pero ¿qué decir si además de Evans en la nómina figura Cannonball Addderley y una sección rítmica como la que conformaban Percy Heath y Connie Kay, del Modern Jazz Quartet? Sin duda, un lujo como pocos. Y ese lujo es el que llegó hace poco al país con la edición nacional de Know what I mean?, álbum de 1961 editado por Riverside y relanzado ahora aquí, que reúne a estos cuatro grandes en un registro inolvidable. El disco está liderado por Adderley y se agrega en su título el complemento "with Bill Evans". Hay que decir que el saxofonista estaba en ese momento en un momento excepcional de su carrera. Había l! ogrado un éxito veloz, que fue más allá de las inevitables adjetivaciones sobre el "nuevo Bird" que recaían invariablemente en un saxo alto que se destacara por entonces. Mientras ese suceso tenía lugar, Cannonball se prestaba al relax y quién mejor que Evans para explorar alternativas diferentes. Adderley y Evans tenían ya una buena relación y habían compartido cartel junto a Miles Davis. El pianista fue determinante para el propio Miles, quien solía afirmar que cuando tocaba con Evans se veía compelido a elegir de manera diferenciada el repertorio por abordar. Para este disco que hoy sugerimos, Evans aportó dos temas, su clásico Waltz for Debby y el que da nombre al disco. El primero ha sido versionado por Evans en solitario o en trío. El agregado de Adderley muestra un tema más muscular y variado. Otros cortes del álbum también evidencian un modo particular de abordar las baladas, como el caso de Goodbye o Elsa. Pero hay aquí también mucho swi! ng y queda demostrado la capacidad de Evans para sostenerlo má! s que di gnamente: eso ocurría a menudo cuando encabezaba una sección rítmica por detrás de un bronce. Pero aún los temas que no son baladas están envueltos en una aureola que les proporciona una gran relajación. Como si el cuarteto estuviera en un "after hours" tocando por el puro placer de tocar. El grupo recorre un espectro amplio, desde composiciones de Gershwin hasta obras de John Lewis. El cruce entre dos personalidades tan diferentes, Cannonball y Evans, no podía sino arrojar un resultado cautivante, en especial si los contendientes con talentos de verdad. Es una de las grandes ediciones locales de los últimos meses.

1 de marzo de 2007

INFALTABLES: SYMPHONY FOR IMPROVISERS, DON CHERRY. Por Guillermo Hernández (Fundador de Minton’s).


Es cierto, ya hablamos de este disco en una oportunidad anterior. Pero como muchos suscriptores de Código Jazz son relativamente nuevos y hay demanda sobre recomendaciones anteriores volveremos sobre él, porque además lo merece. Dijimos entonces que hay una extendida noción entre los que merodean el jazz que tiende a identificar a Don Cherry, cornetista que supo trabajar con Ornette Coleman y Albert Ayler, con el free jazz. Se trata de una asociación comprensible pero parcial. El disco que volvemos a sugerir aquí como infaltable en cualquier discoteca – Symphony for Improvisers- no puede catalogarse alegremente como un álbum de free. Es cierto que incorpora elementos del free porque esa tendencia estaba en ese entonces –hablamos de 1966- en su momento culminante, pero no es menos verificable que Cherry está encaramado en este trabajo en la reconocible tradición del be bop. El contexto en que se grabó Symphony… nos recuerda que habían pasado seis años desde que Ornette irrumpió en el Five Spot con su nuevo sonido y generó controversia. Cecil Taylor y Albert Ayler estaban demostrando por aquella época que las fronteras del jazz aún tenían mucho espacio para expandirse. Y hasta Coltrane había abandonado su clásico cuarteto que tantas satisfacciones le había proporcionado para aventurarse a tomar mayores riesgos. Con ese entorno a cuestas, Cherry grabó este disco que naturalmente explora los nuevos sonidos que estos músicos deslizaban en sus presentaciones y en sus trabajos en estudio, pero que a la vez respeta la tradición del bop. Basta decir que el fantasma de Charlie Parker sobrevuela buena parte de los temas y que la estructura de la mayoría de ellos abreva en la clásica sucesión de solos sostenidos por una base rítmica, aun cuando su formulación tenga poco que ver con lo que se escuchaba hasta entonces. Con excepción del primer movimiento de la suite Symphony for Improvisors, no se advierte en el resto del disco esa fascinación por la improvisación colectiva que habitualmente caracteriza al free, aunque nadie se llame a engaño: quienes esperan jazz al estilo clásico o aun alguna mixtura avant garde saldrán defraudados. Hay que decir que por esos años Cherry había conformado un grupo multinacional, en el que descollaba nuestro Gato Barbieri en saxo tenor, el alemán Karl Berger en vibráfono, el francés Jean-Francois Jenny-Clark en bajo y elbaterista italiano Aldo Romano. Con estos músicos, Cherry recorrió Europa con buena aceptación para su propuesta. Para este disco, grabado en Nueva Jersey en los estudios de Rudy Van Gelder, hizo algunos cambios: armó una formación de septeto en la que agregó a Pharoah Sanders en saxo tenor y piccolo (aunque no se lo escucha en el disco compartir en tenor con el Gato) y a Henry Grimes en bajo y reemplazó a Romano por Ed Blackwell en la batería. La reciente reedición de este álbum por parte de Blue Note -uno de los tres que relanzó ese sello, junto con Complete Comunión y Where is Brooklyn?- es una excelente noticia. Tan autosuficiente es el disco que a nadie se le ocurrió reclamar bonus tracks.

23 de febrero de 2007

INFALTABLES: BILL EVANS, MOON BEAMS, Por Guillermo Hernández (Fundador de Minton’s).



No hay grandes cosas para agregar sobre Bill Evans, porque todos aquellos que tenemos alguna devoción por el jazz sabemos de su significado e influencia. Sólo recordemos que prácticamente todos los pianistas vivos que circulan hoy en la escena jazzística tienen a Evans como una referencia explícita o acaso inconsciente. Evans tuvo varios tríos a lo largo de su carrera, pero uno quedó en la historia como una luz que iluminó a muchas generaciones. Se trataba del que compartió con Scott LaFaro en contrabajo y Paul Motian en batería. Ese trío grabó las míticas sesiones en el Village Vanguard, que fueron editadas completas poco tiempo atrás y unas semanas después quedó desintegrado por un triste episodio: la muerte de LaFaro, un talento joven y con proyección incalculable, en un accidente de tránsito. La desaparición del bajista causó una honda conmoción en el espíritu de Evans, a quien le costó recuperarse de la pérdida. El primer disco que grabó luego de la muerte de LaFaro fue justamente Moon Beams, editado por Riverside, en el que Chuck Israels tomó el lugar de LaFaro y que hoy recomendamos como infaltable. Israels venía de trabajar con Cecil Taylor y Bud Powell y afrontó con dignidad el desafío de reemplazar al preferido de Evans. Es que LaFaro no era simplemente un sideman para el pianista sino una suerte de co-líder, un socio musical en el que Evans se apoyaba creativamente. A partir de este disco, Evans deja entrever la sensación de haberse liberado de esa suerte de red de seguridad que le proporcionaba LaFaro y se asume plenamente como líder. Cambiaría luego varias veces de bajistas y bateristas, pero a partir de Moon Beams afianza su condición de líder y marca el paso de sus tríos con protagonismo y firmeza. Moon Beams es, además, una especie de homenaje a LaFaro y, como no podía ser de otra manera, es un disco de baladas. Baladas interpretadas de manera sentida pero acaso diferente, con una aproximación más rítmica y muscular a la armonía. Hay aquí dos originales de Evans que abren y cierran el disco: Re: Person I Know y Very Early. El resto son standards, algunos de los cuales Evans repetiría a lo largo de los años, como It Might as Well as Spring. El buen gusto y la elegancia están presentes a lo largo de todo este trabajo, que bien vale la pena el esfuerzo para intentar conseguirlo. mintonsjyb_ar@yahoo.com.ar