INFALTABLES: MILES IN TOKIO - Por Guillermo Hernández (Fundador de Minton’s), mintonsjyb_ar@yahoo.com.ar
Elegir un determinado disco de Miles Davis y no otro será sin dudas objeto de polémicas interminables. Cada cual tendrá su preferido, sus épocas, sus estilos. Pero si nos apartamos un poco de la discografía tradicional podremos encontrar una perla que hace algún tiempo fue editado en la Argentina y que, inclusive, fue distribuido en los Estados Unidos casi al mismo tiempo que en nuestro país. Se trata de Miles in Tokyo, que recoge uno de los seis conciertos que un particular grupo del trompetista ofreció en distintos escenarios de Japón. Decimos un grupo particular por una exclusiva razón: la presencia del saxo tenor Sam Rivers, quien le agregó una sonoridad especial a la banda a pesar de que sólo formó parte de ella durante unas pocas semanas. Rivers fue en realidad el verdadero motor del sonido de este disco y de la gira japonesa. Con su estilo emparentado con el free, el sonido de Rivers contrastaba con el de los restantes miembros del grupo. Pero el choque no fue conflictivo sino saludable. Rivers fue el adecuado puente entre George Coleman y Wayne Shorter. Si a la llegada de Shorter, el sonido del grupo de Miles había cambiado sustancialmente, eso se debió a Rivers. ¿Cómo llegó este saxofonista a la banda? La salida de Coleman, que fue casi provocada por el baterista Tony Williams, le dio la chance. Williams, que a pesar de sus 18 años era una suerte de líder musical en ausencia de Miles, hostigaba permanentemente a Coleman. Como recuerda Davis en su a utobiografía, “si a Tony no le gustaba George era porque éste tocaba todo casi a la perfección y a Tony le agradaban los músicos que cometían errores, como salirse de tono”. Fuera Coleman, llegó Sam Rivers, naturalmente recomendado por Williams. Circularon comentarios en ese entonces sobre el presunto interés de Miles por Eric Dolphy, pero éste los negó de manera cruel: llegó a decir que Dolphy tocaba “como si alguien le pisara un pie”. Rivers se unió al grupo para la gira por Japón, que sería la primera incursión de Davis por ese país. El viaje fue complicado. Nuestro hombre se abarrotó de cocaína y somníferos en el avión y como aún así no logró dormir se echó encima bastante alcohol. Cuando la máquina aterrizó había una buena cantidad de gente esperando con pancartas de bienvenida, todo muy atento, al estilo japonés. Por toda respuesta, Miles vomitó miserablemente. Pero se recuperó y la ayuda que le ofrecieron los japoneses lo marcó. Desde entonces adoró a ese país. Hay que decir que los conciertos fueron de menor a mayor. Rivers al principio parecía no encajar en el estilo del grupo que, recordemos, además de Williams alistaba a Herbie Hancock en piano y a Ron Carter en contrabajo. Pero finalmente terminó influenciando a todos y revelando un costado más agresivo y libre en la expresión musical de Miles y de toda la banda. Davis hizo notar en ese entonces que Rivers dibujaba figuras rítmicas y armonías que habían sonar al grupo mucho más libre. De vuelta en Estados Unidos, siguió su camino de libertad y grabó discos memorables, algunos para Blue Note. Esta experiencia en Tokyo es realmente infaltable en cualquier discoteca. No hay otra posibilidad de escuchar a Miles con Sam Rivers y, además, haciendo standards. La edición en la Argentina ha terminado con una omisión, ya que sólo se conseguía japonés.




