29 de mayo de 2007

INFALTABLES: MILES IN TOKIO - Por Guillermo Hernández (Fundador de Minton’s), mintonsjyb_ar@yahoo.com.ar


Elegir un determinado disco de Miles Davis y no otro será sin dudas objeto de polémicas interminables. Cada cual tendrá su preferido, sus épocas, sus estilos. Pero si nos apartamos un poco de la discografía tradicional podremos encontrar una perla que hace algún tiempo fue editado en la Argentina y que, inclusive, fue distribuido en los Estados Unidos casi al mismo tiempo que en nuestro país. Se trata de Miles in Tokyo, que recoge uno de los seis conciertos que un particular grupo del trompetista ofreció en distintos escenarios de Japón. Decimos un grupo particular por una exclusiva razón: la presencia del saxo tenor Sam Rivers, quien le agregó una sonoridad especial a la banda a pesar de que sólo formó parte de ella durante unas pocas semanas. Rivers fue en realidad el verdadero motor del sonido de este disco y de la gira japonesa. Con su estilo emparentado con el free, el sonido de Rivers contrastaba con el de los restantes miembros del grupo. Pero el choque no fue conflictivo sino saludable. Rivers fue el adecuado puente entre George Coleman y Wayne Shorter. Si a la llegada de Shorter, el sonido del grupo de Miles había cambiado sustancialmente, eso se debió a Rivers. ¿Cómo llegó este saxofonista a la banda? La salida de Coleman, que fue casi provocada por el baterista Tony Williams, le dio la chance. Williams, que a pesar de sus 18 años era una suerte de líder musical en ausencia de Miles, hostigaba permanentemente a Coleman. Como recuerda Davis en su a utobiografía, “si a Tony no le gustaba George era porque éste tocaba todo casi a la perfección y a Tony le agradaban los músicos que cometían errores, como salirse de tono”. Fuera Coleman, llegó Sam Rivers, naturalmente recomendado por Williams. Circularon comentarios en ese entonces sobre el presunto interés de Miles por Eric Dolphy, pero éste los negó de manera cruel: llegó a decir que Dolphy tocaba “como si alguien le pisara un pie”. Rivers se unió al grupo para la gira por Japón, que sería la primera incursión de Davis por ese país. El viaje fue complicado. Nuestro hombre se abarrotó de cocaína y somníferos en el avión y como aún así no logró dormir se echó encima bastante alcohol. Cuando la máquina aterrizó había una buena cantidad de gente esperando con pancartas de bienvenida, todo muy atento, al estilo japonés. Por toda respuesta, Miles vomitó miserablemente. Pero se recuperó y la ayuda que le ofrecieron los japoneses lo marcó. Desde entonces adoró a ese país. Hay que decir que los conciertos fueron de menor a mayor. Rivers al principio parecía no encajar en el estilo del grupo que, recordemos, además de Williams alistaba a Herbie Hancock en piano y a Ron Carter en contrabajo. Pero finalmente terminó influenciando a todos y revelando un costado más agresivo y libre en la expresión musical de Miles y de toda la banda. Davis hizo notar en ese entonces que Rivers dibujaba figuras rítmicas y armonías que habían sonar al grupo mucho más libre. De vuelta en Estados Unidos, siguió su camino de libertad y grabó discos memorables, algunos para Blue Note. Esta experiencia en Tokyo es realmente infaltable en cualquier discoteca. No hay otra posibilidad de escuchar a Miles con Sam Rivers y, además, haciendo standards. La edición en la Argentina ha terminado con una omisión, ya que sólo se conseguía japonés.

FRED HERSCH EN LA NOCHE.


Fred Hersch es un pianista de claro buen gusto, que habitualmente acomete baladas con su trío o eventualmente con formaciones más amplias y que ha ganado progresivo reconocimiento en el mundo del jazz. Tocó con Stan Getz, Joe Henderson y Art Farmer, entre otros, antes de ganarse un nombre como líder o solista. Se acaba de editar ahora su primer álbum en estudio en 12 años, The Night and the Music, un compilado de standards y temas propios que se inscribe en la tradición de este músico talentoso. En este disco, editado por Palmetto, lo acompañan Drew Gress en contrabajo y Nasheet Waits en batería. Hay aquí temas de Cole Porter, de Monk y de Berlin, que configuran un trabajo apacible y que refleja la sensibilidad de un músico con un don especial.

28 de mayo de 2007

AFRICA EN LA VOZ DE DEE DEE.


Hay nuevo disco de la cantante Dee Dee Bridgewater y la noticia es que el álbum tiene edición local. Dee Dee es una cantante de voz fresca, que tiene en su haber registros desparejos, pero que ha ganado el favor del público y también algunos premios. Este nuevo trabajo que editó aquí Universal marca una suerte de regreso a los orígenes, como ella misma llama su homenaje a la música de Africa y más específicamente de Mali. Dice la cantante que cuando se siente el paso del tiempo surge esa necesidad de ahondar en las raíces y de allí este viaje africano, en la tierra de Bamako, la de sus ancestros, la de la tierra colorada que le da nombre al disco: Red Earth, a Malian Journey. Este encuentro de Dee Dee con sus raíces africanas refleja naturalmente un! fuerte protagonismo de las voces y la percusión. Aquí está el fuerte del disco, que acaso suene extraño a los oídos entrenados en el jazz pero menos a quienes están curtidos por algunos proyectos de world music. Entre los músicos que acompañan a Bridgewater figura el percusionista argentino Minino Garay. El disco incluye composiciones originales de artistas africanos con versión en inglés de la propia Dee Dee, excepto el Afro Blue de Mongo Santamaría y Long Time Ago de Wayne Shorter. Dee Dee acaba de ser galardonada con la Orden de las Artes y las Letras de Francia, la más importante que otorga ese país a un artista. Nada menos.

EL JAZZ, MÁS ALLÁ DEL FRÍO.


Casi 20.000 personas pasaron ya por el Festival Buenos Aires Jazz y Otras Músicas, que el Gobierno de la Ciudad organizó con entrada gratuita en el predio El Borrego y que concluye el próximo domingo. Artistas de vertientes diversas y de procedencias disímiles, el festival dio forma a una programación de nivel, en la que se destacó la performance del saxofonista Anthony Braxton, quien llegó en trío con Taylor Ho Bynum, trompetista y trombonista, nominado en la revista Down Beat como una de las revelaciones en sus instrumentos y Mary Halvorson en guitarra. El primer plato fuerte del festival fue por cierto el trío del pianista Kenny Barron, con un contrabajista de origen asiático y un baterista cubano alabado por muchos y denostado por otros tantos. Lo cierto es que el sonido de la performance de Barron no fue el mejor y acaso hay deslucido de algún modo una presentación que careció de sorpresas, más allá del talento y la lucidez de Barron para sus intervenciones, esencialmente las baladas. Se llenó la sala más grande para escuchar al trío, como también ocurió con las otras presencias fuertes. De gran nivel fue, por ejemplo, la actuación de Dino Saluzzi con su familia, así como la del cuarteto liderado por el saxo colombiano Antonio Arnedo y el pianista Ernesto Jodos. En paralelo al Festival, el combo Escalandrum, orientado por Pipi Piazzolla, festejó sus ocho años con un concierto en el Teatro Alvear. Y hasta el domingo quedan algunos shows de interés, como el del pianista brasileño César Camargo Mariano el viernes a las 21.30; los hermanos Fattorusso el sábado a l! as 21.30 , y el trío de Javier Asencio el sábado a las 14. En el cierre, el domingo a las 19.30 estarán el quinteto de Ramiro Gallo y la Santa Fe Jazz Ensamble, que presentará la Suite Borgeana. La noche concluirá con Chucho Valdés y su cuarteto, más su hija Mayra Caridad en voz (Foto de Kenny Barron por Horacio Sbaraglia).

PIANISTA EN LEVE ASCENSO.


La irrupción del pianista Javier Asencio es un motivo de celebración en el jazz local. Su disco Ciclos, de reciente lanzamiento por el sello MDR Records refleja cierta originalidad en la estructura de los temas y en los arreglos que nada tiene que envidiar a buenos músicos europeos que hoy ganan la escena internacional. Con un notable buen gusto por las melodías, Asencio muestra madurez en las composiciones, todas propias, y una saludable ductilidad para desenvolverse en trío o en quinteto. El álbum tiene un formato de trío básico, con Marcelo Blanco en batería y Carlos Alvarez en contrabajo, que se enriquece con los aportes de Carlos Lastra en saxo y Enrique Norris en corneta. Sin ánimo de elogio fácil, hay que admitir que no hay punto! s vulnerables en este trabajo. “El otro y el yo son el piano y su intérprete, o viceversa. Se funden los climas, se recorren en círculos sonoros de ciclos concéntricos y abiertos a la vez”, escribe Roque de Pedro en el cuadernillo de presentación. En tren de definir referentes, el pianista nombra a dos colegas de fuste, Marc Copland y Fred Hersch. El hombre tuvo formación clásica y se internó en el jazz tras esuchar años atrás al dúo de piano de Jorge Navarro con Baby López Furst. Asencio tuvo dos fechas en Notorious este mes con el trío, aunque Hernán Mandelman se sentó a la batería para la ocasión. Este sábado 26 se presentará en el Festival Buenos Aires Jazz y Otras Músicas a las 14, en El Dorrego. Será una buena ocasión para entreverarse con su música. No en vano, el trío de Asencio fue el elegido por los organizadores del Festival para la presentación de la programación ante la prensa e invitados ! especiales. Fue una acertada opción.